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Aprender a vivir en la no violencia, despertar de la borrachera colectiva



 En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos (…) Pensamos demasiado, sentimos muy poco. Discurso final de la película (Frg.) “El gran dictador”, de Charlie Chaplin, 1940

La guerra, es un espectro que ha asolado Colombia por más de seis décadas, calando tan hondamente en nuestras vidas, que hemos terminado por aceptar las violencias como únicas maneras de resolver los conflictos; contrariando así la vocación ontológica del ser humano, que nos conmina a cuidar de nuestros semejantes. Hemos sido humanizados por el afecto, la caricia y la capacidad de reconocernos en la mirada y la palabra de otros seres humanos.

Las violencias se han naturalizado entre nosotros, alejándonos de la oportunidad de ser cada día más humanos, de aprender a transformar los conflictos de maneras noviolentas y de reconocernos como iguales diferentes, capaces de participar de la vida en democracia.

Es por esto que considero indispensable hacer una fraterna invitación a la comunidad universitaria, al pueblo caqueteño y a sus dirigentes, para que encontremos otras maneras de abordar nuestras diferencias y nuestros conflictos cotidianos; enfrentando las violencias que nos deshumanizan con creatividad, con profundo respeto por la vida de cada una de las personas, sin importar su edad, género, origen social, opción política, religiosa o diversidad étnica, sexual o cultural.

Amigos y amigas, hoy deseo contagiarles de la íntima convicción de que lo más valioso es la vida, la vida buena de cada hombre, mujer, niño o niña. De esta manera estaremos transitando hacia la Paz, no como una palabra etérea, ni como un discurso de gobernantes de turno, sino como la materialización de un sueño, el sueño de un territorio donde vivir no sea una hazaña de pocos, sino un derecho de todas y todos.

El departamento del Caquetá que ha sido escenario de todas las formas de exclusión y violencia, que ha visto transitar por sus ríos y montañas a todos los actores de la guerra, que ha enterrado a sus mejores hijos, que ha visto llorar a las viudas y nacer a sus huérfanos; hoy tiene la oportunidad única en más de un siglo de historia de ver nacer a la primera generación de hijos e hijas de la Paz y pasar esta página dolorosa de nuestra historia.

Por eso hago eco de las palabras del maestro Estanislao Zuleta, pues solo una sociedad que no le teme a las diferencias de las que emanan los conflictos, una sociedad con imaginación y creatividad para enfrentar las violencias “es capaz de tener mejores conflictos, de reconocerlos y de contenerlos, de vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligente en ellos. Que solo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz” necesitamos despertar de esa borrachera colectiva que fue la guerra, desaprender las violencias y aprender a vivir en la noviolencia.

Reitero mi llamado cordial y respetuoso a toda la comunidad y en especial a la dirigencia del Departamento, para que responsablemente abramos la posibilidad de puntos de encuentro, que nos permitan encontrarnos, respetuosos y tolerantes. Pensemos un poco en nuestros hijos y nietos, para dejarles una región próspera en donde reine la paz y armonía y que la mayor virtud sea el respeto por la diferencia.

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GERARDO CASTRILLÓN ARTUNDUAGA, Rector Universidad de la Amazonia, Florencia Caquetá