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Un camarógrafo de Caquetá cambió el fusil por la cámara



Este jueves 24 de mayo a las 8:00 p.m. Señal Colombia estrena ‘Shooting’, un documental que muestra la vida después de la guerra a través de Ferley, un niño campesino que se unió a la guerrilla para vengar la muerte de su padre y quien hoy, lejos de la guerra, en lugar de disparar un fúsil dispara una cámara para capturar la vida.

En fragmentos, así se podría contar la vida de este joven de 27 años de edad que tiene a cuestas una historia que bien podría ser la misma de muchos jóvenes colombianos que, durante más de 50 años, vivieron la guerra en Colombia sin entender que esta violencia no era algo natural, ni la única realidad; por lo menos así lo descubrió Ferley Vargas cuando dejó la guerrilla donde estuvo por algo más de tres años.

El primer fragmento de su vida se rompió en mil pedazos cuando tan solo tenía tres años de edad y su padre fue asesinado en la sala de su casa “por sospecha”. Esos pedazos fueron recogidos por su madre quien intentó reconstruirlo y ofrecerle, a él y a su hermano un hogar. Sin embargo a sus 13 años nuevamente su mundo explotó cuando su progenitora fue detenida por las autoridades, acusada de colaborar con la guerrilla. Tres meses después Ferley se vistió de camuflado y empuñó un fusil. 

A los nueve meses de capturada, su madre fue puesta en libertad y liberada de sospechas, pero ya era tarde, había perdido a su hijo en el monte en el que solo lo acompañaba una vieja foto de su padre Daniel Vargas Trujillo en el féretro y por detrás la promesa de Ferley, entoncesWilfran, su nombre de guerra, de vengar su muerte.   

Esta historia contada en primera persona es lo que recoge Shooting, una road movie en la que el espectador acompaña a Ferley y a su esposa Clara en un recorrido en motocicleta por varios municipios de Caquetá -donde hoy se desempeña como camarógrafo de noticias y fotógrafo de eventos sociales- para llevar hasta la tumba de su padre una nueva lápida. Es su manera de recordarlo y de honrarlo.   Sobre esta coproducción de Señal Colombia y Los Monstruos del Cine, habla su protagonista.

Son claras las motivaciones que le hicieron unirse a la guerrilla pero ¿qué lo hizo volver a la vida civil?

La misma que me hizo irme: mi papá. Un sueño que tuve con él me hizo cambiar la perspectiva, ya no pensaba tanto en esa vida militar donde uno solo cumple órdenes, donde al momento de dormir simplemente es como apagar un bombillo. También me hizo volver conocer la verdad sobre quiénes lo mataron.  

Hoy en día es camarógrafo de noticias y fotógrafo de eventos sociales ¿cómo llegó a este oficio?

Después de huir de la guerrilla uno se da cuenta que no sabe hacer nada y que no tiene un arte, así que me propuse tener oportunidades reales para mejorar mis condiciones y la de mi familia. Inicialmente las autoridades pensaron que era mayor de edad porque así se los hice creer pero cuando supieron que era menor, porque me enviaron a sacar la cédula, quedé bajo protección del ICBF y me llevaron a Bogotá, donde hasta nutricionista me pusieron. Un trato muy diferente al que le daban a los mayores.   

Allá empecé a entender lo que era la guerra, porque pensaba que todo lo que había vivido hasta ese momento era natural, no sabía que el mundo era diferente, así que me dejé llevar, aconsejar y empecé a estudiar en el SENA. Luego hice prácticas como camarógrafo en un canal privado y hoy en día trabajo con otro en el Caquetá, también con uno local y el resto del tiempo libre hago fotos en fiestas y eventos.  

¿Tiene temor de las reacciones que pueda tener la gente cuando se emita el documental y se conozca su historia?

Eso lo enfrenté cuando regresé de la guerrilla. Ahorita ya no me afecta lo que las personas puedan decir, lo que soy ahora me costó mucho trabajo y esfuerzo lograrlo y no me avergüenzo de ello. Creo que es muy necesario generar este tipo de contenidos en un proceso como el que estamos viviendo, el que tuvo que haber iniciado con una resocialización también.

¿Cómo ha sido su proceso personal durante el documental?

En el 2011 mientras hacía las prácticas le comenté a un compañero camarógrafo mi historia y le dije que quería contarla. Inicialmente no quería aparecer, por las mismas circunstancias que atravesaba el conflicto, pero cuando empezó el proceso de paz, decidí contarlo en primera persona. Desde hace tres años tengo pareja, eso también cambió la forma en que contaríamos la historia porque el tener compañía también me ha servido, uno solo es una piedra. Recién salí del grupo hasta la muerte me era indiferente, ahora tengo un estado de conciencia muy distinto. 

 El documental, a través de fotografías, muestra ese cambio del que usted habla sobre todo en su mirada.

Creo que quienes hemos vivido en la guerra tenemos la mirada perdida, de rabia y eso es muy difícil cambiarlo. Comparando las fotos de niño estando en la guerrilla a las de ahora se nota esa etapa de la vida hasta en la mirada. Me leí el libro Un largo camino de Ishmael Beah, sobre un niño que fue soldado en África y contaba cosas con las que me sentía identificado, entre esas sobre la mirada de quienes hemos sido criados en la guerra.

 ¿Hoy qué le dirías a Ferley, el niño? Que las cosas que vivió, no las debería vivir ningún niño. Que son muy difíciles de superar pero que eso se logra tarde o temprano.

 ¿Se arrepiente de algo?Hoy en día me siento en paz, aunque la parte de lo de mi papá siempre me afecta, he tratado de superarlo y sigo trabajando para lograrlo cada día, me parece que no ha sido en vano tanto esfuerzo. De lo único que me arrepiento es de haberle dado la espalda a mi mamá en el momento en que más me necesitaba, cuando la detuvieron. Hoy en día he tratado de brindarle el mayor apoyo y demostrarle que puede sentirse orgullosa de mí.

Ferley tiene claro que la vida después de la guerra puede ser complicada, pero que la clave para salir adelante está en la capacidad de perdonar y ser perdonado, por eso está seguro de que no volvería a empuñar un arma. “Volver a hacerlo sería una vergüenza y echar por la borda tantas cosas que se han sufrido por lograrlas. Solo se aprende lo que se vive en carne propia, por eso es tan difícil que quienes han vivido la guerra a través de un televisor cambien su concepto, sólo cuando los toca cambian”, concluye.